Santiago y cierra Spanien I

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En mi actividad de mamporrero cultural, el destino ha querido llevarme por las intrincadas sendas del Camino de Santiago. Tras mis pasos, una cohorte de 36 alemanes, todos frisando la edad de Don Quijote al morir, dejándose guiar por éste que lo es. El punto de partida, Madrid. El Camino escogido: Burgos, León, Santiago, Oporto, Ávila, Salamanca, Toledo… Algo así como darle la vuelta a los pantalones y poner el forro al descubierto. Para que los germanos no dejen de contar venturass en sus casas frías al volver, se incluyen en el camino 6 kilómetros de verdadero Camino de Santiago, a pata, que diría un castizo.

¿Qué droga dura les ha impulsado a los alemanes a hacer el camino, aunque sea de modo falso? Pues ha sido un libro y posterior película de un humorista alemán y titulado “Ich bin dann mal weg”, algo así como “Me fui por el camino” o, si lo hubiese traducido yo, “Tomé las de Villadiego”; y, si lo hubiese traducido mi tío Fernando, “Luis puerta que se ha perdido un peine”.

A lo que vamos, que aunque deseoso de ver ciudades castellanas que nunca mi bota holló, caso de Burgos, no esperaba yo poder solazarme como lo hice teniendo en cuenta que llevaba la responsabilidad de devolver sanos y salvos a 36 alemanes a la señora Merkel. Pero hete aquí que caminante no hay camino y que el camino que se hace al andar te depara sorpresas agradabilísimas. Y aunque no es cuestión de detallar las bellezas de Burgos y su afrancesada catedral, que además de tres espectaculares tímpanos, albergan los restos de Mio Cid Ruy Díaz de Vivar y su esposa, ya saben, el que en buen hora nasció, el que en buen hora cinxo espada, el que trajo a la vida de todos Charlton Heston junto a Sofía Loren, además, decía, Burgos tiene estampas entrañables que a un viajero sin ruedas le hacen comulgar con ruedas de molino. Porque díganme ustedes si esta monjita, aún relativamente joven para la usanza actual, que posa coqueta en una plaza de Burgos no es digna de ser fotografiada. Y hasta de hacerle una película que, con permiso de los hermanos Coen, habría de titularse La monja entre las flores. Pero como hay quien no se conforma con una foto, daré dos tazas. Por ello añado el daguerrotipo moderno de la sombrerería Teodoro, igualmente en Burgos, donde el caudillito se hizo caudillo, y en la que además se pueden comprar unos gorros de baño de lo más chic, idénticos a los de las novias españolas de Alfredo Landa cuando éste gritaba aquello de “Viva Escandinavia”. Gorros de baño demodé en Burgos, por si los burgaleses escapan de su frío hacia la cálida Torremolinos para competir en elegancia con las británicas tatuadas.

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Pues eso, que viva el norte, lugar del Camino y donde iré contando mi viaje de líder espiritual de 36 teutones. De momento, para no confundirlos con los chinos, a ellas les he comprado unos gorritos de baño en Teodoro y a ellos un bastón de peregrino. ¿Cómo es posible confundir alemanes con chinos?: Porque los turistas calzan todos las mismas ridículas sandalias.

P.D. Sí, también en Burgos, ciudad austera castellana, las malignas hordas de las despedidas de soltero/a arrasan los fértiles campos. ¿Para cuándo los antidisturbios?

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Una visita a Burgos debe incluir el Museo de la Evolución, donde está mi otro yo, el Homo antecessor

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Colorines burgaleses

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