Terremoto para niños en Tokio

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Andaba yo en mi terracita con un café de cafetera de abuela y una tostada con mermelada que me había traído de la España cuando aparece por el parque un camioncillo-furgoneta con un lateral abierto. Al principio creí que era de apoyo a los vagabundos que viven en el parque, pero me extrañó porque en el parque han dejado de dormir los vagabundos, seguramente “arrecogíos” por los servicios sociales y llevados a algún lugar menos visible. Del camión se bajó un diligente operario y una diligente operaria. Desplegaron una lona azul en el suelo, pusieron dos escalerillas para poder acceder al interior del camión, y colocaron en las ruedas unos tacos de madera para evitar que se desplazase -tal y como se hacía en Villanueva del Duque con los coches en los 70-. No pudiendo soportar la curiosidad, bajé raudo y veloz en busca de respuestas.

Aparecieron de inmediato un grupo de niños de preescolar, con sus gorritas de color verde un grupo y amarillo el otro grupo. Tomaron asiento sobre la lona, muy formal y educadamente -véase a los aficionados japoneses recogiendo los desperdicios de los estadios de fútbol rusos que o bien ellos o otros, que se creen el señorito Iván, han generado-. Tras unas breves palabras de la monitora, cuatro niños subieron al camión. Y ahí comenzó el vaivén, puesto que se trataba de un camión que simula los temblores de un terremoto. Los niños, al entrar al camión, bien aleccionados, se metieron bajo una mesa y se agarraron cada uno a una de las patas, por lo que intuí que en caso de terremoto con cinco niños por mesa, se espera una pérdida de un 20 %, nada comparado con los niños que se llevaba la meningitis al otro barrio hace no tanto. Una vez asidos a las patas de la mesa, comenzó el interior del camión a temblar y moverse, con lámpara y armario haciendo el baile de San Vito y pantalla de contador digital marcando la intensidad del terremoto: 4, 4,5, 5, 5,5, 6…

Una vez más quedé perplejo ante la organización japonesa. ¡Qué previsión! ¡Qué entrenamiento para todo! ¡Ojalá en España se hiciesen las cosas así de bien! Caí entonces en la cuenta de que en la España las cosas no se hacen así, pero se hacen de otro modo. Porque en la España a los niños de preescolar se les lleva a la feria, se les sube al látigo, se les deja que vomiten sobre el tío o la tía, se les da churros aceitosos para que se les pase el mareo, se les sube después a los coches de tope, donde, como me ocurrió a mí a esa edad, se golpean contra el volante y pierden un par de dientes, saliendo sangrantes del traicionero vehículo, para ponerles como remedio al mal un pañuelo empapado en vinagre en las encías con el fin de cortar la hemorragia y se les acaba soltando de mala manera encima de una silla para que duerman exhaustos mientras los progenitores o tíos y tías solteras se beben un último licor 43 con batido de chocolate, que en África se llama lubumba.

Pero, producto del amor hispano a los niños, al día siguiente, tras llevar al dentista a que le saque con unas tenazas los dientes colgantes a ese niño de feria, se les compra un balón nuevo para que en su condición de niños/as mellados, reciban sin miedo un pelotazo en la cara que nada tenga que envidiar al terremoto de Lisboa de 1755 o al de Japón de 2011. Un balón, que acaba pinchado en los cuernos de la vaca que han soltado por el pueblo el día del santo patrón y que suele medir de cuerno a cuerno los dos metros y medio. Es entonces cuando, con la nariz sangrante por culpa del balón o de la vaca que revolcó a su padre o tío, que tuvo la ocurrencia de subir a su niño a los hombros para torear a la vaca, reciben el premio final: un tirachinas con el que las lagartijas no van a sentirse seguras hasta que ese niño se rompa por fin una pierna, pescando ranas junto a uno de sus tíos borrachos en una charca cerca del pueblo, y tenga que guardar cama dos días con sus noches. ¿Preparación para los terremotos en la España? ¡Amigo, en la piel de toro siempre hemos vivido sobre un sismo avolcanado y no han hecho falta lonitas de plástico para no ensuciarnos los pantaloncitos al sentarnos en el suelo!

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