La casa de los espíritus

 

Tita Michiyo tiene su casa llena de espíritus. No se dedica al noble arte de la uija, pero el día 13 de julio, en Japón, los espíritus de los muertos visitan las casas de los que nos hemos quedado. A tal efecto, las titas Michiyo de todo Japón tienen un tokonoma (altarcillo) en el saloncito ad hoc. Ella, en concreto, tiene unos pocos tokonomas, pues andan vagando espíritus de hermanas, hermanos, padres y supongo que abuelos ya disueltos en el éter y que no sé yo si encuentran el camino de vuelta. Los espíritus permanecen sólo hasta el día 15, es decir, que tienen dos días para revolver los cajones, abrir las puertas con estrépito y lamentarse del calor que hace en el más allá. Para que lleguen a su altarcito, donde se les ha provisto de comida y bebida, incluida una sandía (que son traducidos al capitalismo 20 eurazos de Japón) se va uno primero al cementerio -anexo al santuario sintoísta-, se le da un agua a las tumbas, se les ponen flores y se enciende un farol (véase foto de tita Michiyo y un servidor) que seguidamente se porta hasta casa para que los espíritus de los difuntos no se confundan de camino. En otras palabras, que esto es como la Santa Compaña de los gallegos, sólo que en este caso, entran en las casas.

Tokonoma con las fotos de los que el 13 de julio vuelven a por su piscolabis

En el tokonoma, tita Michiyo prepara con esmero la comida y una berenjena y un pepino. No se trata de recuerdos eróticos de tiempos pasados, son animales simbólicos que los traen y los llevan. El pepino, con cuatro patas fabricadas con cañas para que se sostenga, representa a un caballo, simbolizando que llegan a galope, con ganas de volver al mundo de los vivos. La berenjena, por contra, con sus otras cuatro patas, representa un buey, que será el que, lentamente pues no desean marcharse, les lleve de vuelta a su morada del más allá.

La sandía, alimento de los espíritus. Todo un yescal, un potosí.

Tita Michiyo lo prepara todo con esmero, siguiendo el libro de instrucciones, como tratando de de decir quizá que cuando ella falte nosotros hagamos lo mismo por ella, facilitándole con un pepino su vuelta a casa por unos días. Con ese pepino, tita Michiyo nos preparará en unos días una ensalada, acompañada de unas berenjenas con salsa de soja. Porque, por mucho cariño con el que nos esforcemos en recordar a los finados, al final, lo que nos queda es comernos aquello que los espíritus no han querido. Vivimos de las sobras, claro que, como decía una ilustre finada -mi madre- naciste lechón y morirás cochino; a lo que hay que añadir que, por muy bien que nos portemos, a cada cerdo le llega su San Martín. Menos mal que siempre habrá titas Michiyo para traernos brevemente de vuelta al proceloso mundo del más acá.

Tita Michiyo en plenos preparativos de retorno de los espíritus

Retorno de los espíritus, instrucciones de uso para el rezo del Rosario

La berenjena, un buey sin cabeza

 

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