Las tetas sobre la mesa

(Santiago y cierra Spanien II)

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Lo más fascinante de la vida de Santa Águeda es que su martirio lo resume en un libro escrito en el siglo XIII un señor llamado Santiago de la Vorágine. A la tal Águeda le cortaron sus senos por no querer perder su virginidad con un procónsul, después de haberla enviado a un puticlú de la época o casa de citas (lupanar, vamos) y conservar allí milagrosamente su virginidad. El cómo preserva su virginidad es algo que no explica el susodicho Santiago de la Vorágine. Esto son cosas que se entera uno cuando va camino de Compostela, guiando turistas alemanes y tratando de que no crucen el paso de peatones cuando el semáforo está en rojo. Porque esto último es tan cierto como que la Santa Águeda era masoquista de las de antes. Me refiero a que un grupo de alemanes, puestos delante de un semáforo, si se pone en verde, cruzan todos, ya sea 12 o 200, así que se ponga el semáforo de nuevo en rojo y venga un camión de mercancías peligrosas y sin frenos embalado y conducido por el Risitas directo hacia ellos. Si ha cruzado el primero de nosotros, dicen en su lógica kantiana, los demás también. Así funciona el cerebro de un alemán de turisteo por Spanien.

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Pero lo realmente importante es llevarlos de aquí para allá, recalar en Astorga, donde un tal Alonso hace un chocolate de los de abuela con delantal y alpargatas de invierno negras con ribetes plumíferos, y donde tienen hasta una catedral. Lo del chocolate me lo contó mi chofer, que además de glotón se llama Benavides, que es nombre de personaje de película landista.

Astorga cuenta también con restos muy bien conservados de su muralla romana y de un palacio episcopal cuyos planos se deben a Antonio Gaudí. Es lo que tiene ser obispo, que no le da a uno por vivir en una choza, como Rouco, sino que los hay detallistas y se construyen su castillito exin, que eso y no otra cosa es tal edificio. El palacio episcopal es hoy visitable por los no imbuidos de la púrpura, previo pago de su correspondiente entrada. Y es en dicho palacio donde la colección escultórica del obispado ofrece esculturas románicas de Santiago Matamoros (sic) y de la otras recordadas figuras del martirilogio cristiano. Santa Águeda presenta sus propias tetas en una bandeja -de ahí mi definición anterior de masoca para esta jovencita-, diciéndonos claramente que si queremos chocolate de Astorga, ahí van dos tazas. Y así, perplejo, sale uno del palacio episcopal de Astorga tratando de explicarle a los alemanes nuestro apego por las llagas de los santos, la cabeza cortada del Apóstol, las cabezas de moros a los pies del caballo blanco y los pezones enhiestos de la santa, apuntando al cielo, eso sí. Si es que, a esta Spanien, a hacer de mártir no le gana nadie.

El castillo Exin diseñado por Gaudí para el Obispo de Astorga

El castillo Exin diseñado por Gaudí para el Obispo de Astorga

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Las entrañas del palacio episcopal

El palacio episcopal por dentro

Más entrañas episcopales gaudianas

Muralla romana de Astorga

Muralla romana de Astorga

Catedral de Astorga, un eclecticismo gótico-renacentista

Catedral de Astorga, un eclecticismo gótico-renacentista cuyas trazas debemos a los hermanos Juan y Simón de Colonia, que como todos sabemos es Köln y está en Alemania.

 

La espectacular fachada de la catedral

La espectacular fachada de la catedral

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El portal (con su pobre incluido, para que no se olvide cómo andan las cosas), obra maestra del barroco leonés, cuyos autores son Francisco y Manuel de la Lastra Alvear.

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