Limosnas y conmutaciones de cruzada

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(Santiago y cierra Spanien III)

Ah, mis turistas alemanes, qué gente más obediente. Después de darles de comer en O Cebreiro (no dejen de comer allí un pulpo con cachelos) nos los llevamos a Piedrafita en autobús y allí decidí que por qué no andar 6 km del Camino de Santiago o Jakobsweg. Ellos, tan sumisos, tan luteranos, tan invadiendo Polonia, se pusieron en fila de oca y sin mirar atrás realizaron lo que les ordené. Como son como son y ca uno es ca uno, que decía el Guerra, ni miraron para atrás, de suerte que a siete de ellos tuvimos que ir a recogerlos en autobús cinco kilómetros más allá del punto convenido. Yo anduve como loco, buscándolos y para más inri se desató una tormenta con aparato eléctrico, truenos y parafernalia wagneriana. Mojado como un pollo logré contactar vía telefónica con uno de ellos y logramos, aproximadamente, saber que andaban refugiados de la tormenta en un taller mecánico con calendarios de mujeres ligeras de ropa. Se creen los alemanes que ese tipo de calendarios no abundan en los talleres mecánicos y que el dato iba a ser determinante. Mi chofer, Benavides, al que he adoptado también como fotógrafo oficial mío y personal shoper, decidió que lo mejor era arrancar el bus y seguir camino de Compostela, reguardados de la tormenta tan ricamente y mirar a ambos lados de la carretera por si veíamos siete alemanes, dos de ellos de la cáscara amarga -a decir de mi madre-, en chanclas, calcetines, pantalón corto de niño chico crecido pero al que le falta un hervor y gafas empañadas.

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Dimos con ellos, aunque pareciese a mí ya milagro, amigo Sancho, y preferí no hurgar en la herida y reprenderlos severamente por ir delante del Führer, que soy yo. Encima tuve que aguardar como uno de los de la cáscara amarga me hacía cargar con la responsabilidad de su inconsciencia y ansias de ir avant le garde. Resignación, no queda otra cuando uno se ha olvidado en casa la navaja de Albacete. Ya pagará el francés el vino que se bebió.

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Iglesia románica de O Cebreiro

Continuando camino llegamos finalmente a Santiago de Compostela. ¡Qué quieren que les diga que no se imaginen ustedes! Que sí, que en la catedral abracé al apóstol como el que quiere hacer que cree en meigas, que maldije nuevamente que siga entre bambalinas de restauración el pórtico de la Gloria del maestro Mateo, que compré sardinas enlatadas en una tiendecita frente al maravilloso mercado de Compostela, y que vi como los peregrinos se confiesan en inglés, alemán, italiano y arameo. La catedral de Santiago de Compostela, para que nos entendamos, es aquel edificio gallego en el que aún se pueden realizar limosnas y conmutaciones de Cruzada. Cerca, muy cerca, nació el Caudillo. Aún así, apacibles imitadores de Unamuno se aparecen entre los cristales que reflejan las hordas invasoras de turistas en sandalias y calcetines. Algunos, insaciables, siguen camino hasta Finisterre, donde queman sus ropas viejas y creen redimir los pecados que no se atrevieron a contar en el confesionario. En el fondo, si no hay un guía que te diga que el camino se ha acabado, que finis terre, seguimos caminando hasta que la tormenta nos hace refugiarnos en un taller mecánico. Como decía mi madre, cuando un tonto coge una linde, la linde se caba, pero el tonto sigue.

El pulpo de O Cebreiro

El pulpo de O Cebreiro

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Las típicas pallozas de estos lares, de origen celta, en este caso en O Cebreiro

O Cebreiro

Ropas y sillas sin peregrinos en O Cebreiro

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Vendedoras en los alrededores del mercado de Compostela

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Confesionario multilingüe en la catedral de Santiago

 

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Ego te absolvo

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Un imitador de Unamuno, ensimismado, ajeno a las hordas peregrinas

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Finisterre, donde se queman los calzoncillos viejos, algo que ya hacían los celtas antes de llegar el apóstol

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Saltos de alegría en el fin del mundo

Las tetas sobre la mesa

(Santiago y cierra Spanien II)

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Lo más fascinante de la vida de Santa Águeda es que su martirio lo resume en un libro escrito en el siglo XIII un señor llamado Santiago de la Vorágine. A la tal Águeda le cortaron sus senos por no querer perder su virginidad con un procónsul, después de haberla enviado a un puticlú de la época o casa de citas (lupanar, vamos) y conservar allí milagrosamente su virginidad. El cómo preserva su virginidad es algo que no explica el susodicho Santiago de la Vorágine. Esto son cosas que se entera uno cuando va camino de Compostela, guiando turistas alemanes y tratando de que no crucen el paso de peatones cuando el semáforo está en rojo. Porque esto último es tan cierto como que la Santa Águeda era masoquista de las de antes. Me refiero a que un grupo de alemanes, puestos delante de un semáforo, si se pone en verde, cruzan todos, ya sea 12 o 200, así que se ponga el semáforo de nuevo en rojo y venga un camión de mercancías peligrosas y sin frenos embalado y conducido por el Risitas directo hacia ellos. Si ha cruzado el primero de nosotros, dicen en su lógica kantiana, los demás también. Así funciona el cerebro de un alemán de turisteo por Spanien.

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Pero lo realmente importante es llevarlos de aquí para allá, recalar en Astorga, donde un tal Alonso hace un chocolate de los de abuela con delantal y alpargatas de invierno negras con ribetes plumíferos, y donde tienen hasta una catedral. Lo del chocolate me lo contó mi chofer, que además de glotón se llama Benavides, que es nombre de personaje de película landista.

Astorga cuenta también con restos muy bien conservados de su muralla romana y de un palacio episcopal cuyos planos se deben a Antonio Gaudí. Es lo que tiene ser obispo, que no le da a uno por vivir en una choza, como Rouco, sino que los hay detallistas y se construyen su castillito exin, que eso y no otra cosa es tal edificio. El palacio episcopal es hoy visitable por los no imbuidos de la púrpura, previo pago de su correspondiente entrada. Y es en dicho palacio donde la colección escultórica del obispado ofrece esculturas románicas de Santiago Matamoros (sic) y de la otras recordadas figuras del martirilogio cristiano. Santa Águeda presenta sus propias tetas en una bandeja -de ahí mi definición anterior de masoca para esta jovencita-, diciéndonos claramente que si queremos chocolate de Astorga, ahí van dos tazas. Y así, perplejo, sale uno del palacio episcopal de Astorga tratando de explicarle a los alemanes nuestro apego por las llagas de los santos, la cabeza cortada del Apóstol, las cabezas de moros a los pies del caballo blanco y los pezones enhiestos de la santa, apuntando al cielo, eso sí. Si es que, a esta Spanien, a hacer de mártir no le gana nadie.

El castillo Exin diseñado por Gaudí para el Obispo de Astorga

El castillo Exin diseñado por Gaudí para el Obispo de Astorga

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Las entrañas del palacio episcopal

El palacio episcopal por dentro

Más entrañas episcopales gaudianas

Muralla romana de Astorga

Muralla romana de Astorga

Catedral de Astorga, un eclecticismo gótico-renacentista

Catedral de Astorga, un eclecticismo gótico-renacentista cuyas trazas debemos a los hermanos Juan y Simón de Colonia, que como todos sabemos es Köln y está en Alemania.

 

La espectacular fachada de la catedral

La espectacular fachada de la catedral

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El portal (con su pobre incluido, para que no se olvide cómo andan las cosas), obra maestra del barroco leonés, cuyos autores son Francisco y Manuel de la Lastra Alvear.

Santiago y cierra Spanien I

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En mi actividad de mamporrero cultural, el destino ha querido llevarme por las intrincadas sendas del Camino de Santiago. Tras mis pasos, una cohorte de 36 alemanes, todos frisando la edad de Don Quijote al morir, dejándose guiar por éste que lo es. El punto de partida, Madrid. El Camino escogido: Burgos, León, Santiago, Oporto, Ávila, Salamanca, Toledo… Algo así como darle la vuelta a los pantalones y poner el forro al descubierto. Para que los germanos no dejen de contar venturass en sus casas frías al volver, se incluyen en el camino 6 kilómetros de verdadero Camino de Santiago, a pata, que diría un castizo.

¿Qué droga dura les ha impulsado a los alemanes a hacer el camino, aunque sea de modo falso? Pues ha sido un libro y posterior película de un humorista alemán y titulado “Ich bin dann mal weg”, algo así como “Me fui por el camino” o, si lo hubiese traducido yo, “Tomé las de Villadiego”; y, si lo hubiese traducido mi tío Fernando, “Luis puerta que se ha perdido un peine”.

A lo que vamos, que aunque deseoso de ver ciudades castellanas que nunca mi bota holló, caso de Burgos, no esperaba yo poder solazarme como lo hice teniendo en cuenta que llevaba la responsabilidad de devolver sanos y salvos a 36 alemanes a la señora Merkel. Pero hete aquí que caminante no hay camino y que el camino que se hace al andar te depara sorpresas agradabilísimas. Y aunque no es cuestión de detallar las bellezas de Burgos y su afrancesada catedral, que además de tres espectaculares tímpanos, albergan los restos de Mio Cid Ruy Díaz de Vivar y su esposa, ya saben, el que en buen hora nasció, el que en buen hora cinxo espada, el que trajo a la vida de todos Charlton Heston junto a Sofía Loren, además, decía, Burgos tiene estampas entrañables que a un viajero sin ruedas le hacen comulgar con ruedas de molino. Porque díganme ustedes si esta monjita, aún relativamente joven para la usanza actual, que posa coqueta en una plaza de Burgos no es digna de ser fotografiada. Y hasta de hacerle una película que, con permiso de los hermanos Coen, habría de titularse La monja entre las flores. Pero como hay quien no se conforma con una foto, daré dos tazas. Por ello añado el daguerrotipo moderno de la sombrerería Teodoro, igualmente en Burgos, donde el caudillito se hizo caudillo, y en la que además se pueden comprar unos gorros de baño de lo más chic, idénticos a los de las novias españolas de Alfredo Landa cuando éste gritaba aquello de “Viva Escandinavia”. Gorros de baño demodé en Burgos, por si los burgaleses escapan de su frío hacia la cálida Torremolinos para competir en elegancia con las británicas tatuadas.

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Pues eso, que viva el norte, lugar del Camino y donde iré contando mi viaje de líder espiritual de 36 teutones. De momento, para no confundirlos con los chinos, a ellas les he comprado unos gorritos de baño en Teodoro y a ellos un bastón de peregrino. ¿Cómo es posible confundir alemanes con chinos?: Porque los turistas calzan todos las mismas ridículas sandalias.

P.D. Sí, también en Burgos, ciudad austera castellana, las malignas hordas de las despedidas de soltero/a arrasan los fértiles campos. ¿Para cuándo los antidisturbios?

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Ir a Burgos para encontrarte con tu calle

Una visita a Burgos debe incluir el Museo de la Evolución, donde está mi otro yo, el Homo antecessor

Una visita a Burgos debe incluir el Museo de la Evolución, donde está mi otro yo, el Homo antecessor

Colorines burgaleses

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