El tren yeyé a Hakone

(Una temporada en Japón 02)

El tren yeyé “Romancecar 3100”

Estos días decidí comportarme como un japonés del mismo Japón. Así que la programación era un viaje en tren hasta Hakone donde disfrutaría de las aguas termales y una escapada al lago Ashinoko para, si las nubes lo permitían, tener una esplendorosa vista del monte Fuji o Fujisan. El viaje lo programó mi geisha, y como buena japonesa, estuvo atenta a todos los detalles. Dejando a un lado el culo rojo que se me quedó con las aguas termales, la visita al museo de Saint Exupery y su pequeño príncipe (qué cosa más rara, aquí a 12.000 kilómetros de París) y las maravillosas vistas al Fujisan, lo que más me gustó del viaje fue el tren, concretamente la ida, en el Romancecar 3100 del año 1963. ¡Cómo no voy a  emocionarme cuando viajo en un “Romancecar” de colores yeyés y estética retrofuturista! Sí, yo soy un sentimental.

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El monte Fuji desde el tren yeyé, camino de Hakone

Siempre me resultó curiosa la afición de los japoneses por los trenes, pero hay que reconocer que con los trenes que conservan aún funcionando, verdaderas joyas de otras épocas, el menos pintado se aficiona a ellos. Es normal encontrarse a los japoneses con su cámara, esperando en la estación a que pase tal o cual tren, o en medio de una gran nevada, subidos a una loma, esperando tomar aquella foto del más moderno shinkansen (tren bala) con la nieve y el Fuji al fondo. Sí, otros se entusiasmarán más por el aún en pruebas novedoso tren bala que alcanzará los 500 kilómetros hora, pero yo en mi tren yeyé, que no pasa de los 170, observo entre nubes el Fuji y pienso en Modesty Blaise y Bond, cuando éste era Bond y no ese Guardia Civil joven en un gimnasio que representa Daniel Craig.

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El Fujisan desde el lago Ashinoko, con el tori del santuario sintoísta a la derecha

Japón ha sabido mezclar el progreso, la llegada de nuevos modelos de trenes, más rápidos y de locomotoras de diseños siempre vanguardistas, con sus antiguos modelos, verdaderas piezas de museos. El tren yeyé a Hakone es uno más dentro del amplio abanico de modelos sacados de otro tiempo que uno puede encontrarse en Japón. Aunque, sin duda, el tren yeyé a Hakone es mi favorito. Y de banda sonora le ponemos a Kayoko Ishuu y su Bazzaz nº. 1 que adjunto https://www.youtube.com/watch?v=lKk2CcaE818

Nando Viñas

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El año del mono en calcetines

(Una temporada en Japón 01)

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Este 2016 resulta que es el año del mono para Japón. Debe ser sin duda mi año. Y de nuevo lo comienzo en Tokio. Para qué les voy a engañar, en este país ni sabe uno cuándo es domingo ni cuándo empieza la navidad. Todos los días son iguales porque las tiendas no cierran nunca y para más inri, no hay misas. Así que las navidades se me han pasado sin turrón, borrachera de anís (del mono, que es un retrato de Darwin en la etiqueta, sin duda el mejor chiste comercial de la Historia), petardos ni fiesta fin de año bailando por Raphael con Raffaella Carrá.

Pero he encontrado una manera infalible se saber que las navidades se han acabado. No se crean que es fácil porque a día de hoy (10 de enero, creo, sábado o domingo, no sé) el árbol de navidad de la plaza del barrio (Akabane) sigue puesto. Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid he dejado también puesto el árbolito mini navideño en casa por dos razones: la primera porque no sabía cuándo se acababan las navidades y la segunda porque mi prima Angelines, que vive en Martorell, jura que me ha enviado una tarjeta navideña hace mes y medio. Lo malo del asunto es que se la dio a su padre, mi tío Florencio, para que fuese a Correos, y éste se pararía a comer un bocadillo de boquerones en vinagre en algún sitio y sospecho que acabó comprando los sellos en una tienda filatélica, donde entablaría animada conversación con su dueño, que le vendería sellos de Franco de 10 pesetas. Es por eso que el christma no parece querer llegar.


Pero he perdido el hilo. Yo quería contar el método para saber que en Tokio ya no es navidad. Sencillísimo, aunque he tardado en darme cuenta. Se trata de ir a un “depaato” o grandes almacenes, a la sección de rebajas, y comprar allí estupendos productos navideños a precios irrisorios. Lo bueno no es solo que uno sale con el convencimiento de que al menos estas navidades ya han acabado, sino que además se puede llevar a casa por 200 yenes (euro y medio) unos magníficos calcetines navideños que nos tapen esos dedos tan feos que tenemos en los pies. Dedos de mono, para no desmerecer el año. ¿A que son preciosos y demodé?