El hotel Okura de Tokio

(Invierno tokiota 06)

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Si Wong Kar Wai se siente en la necesidad de deleitarnos con una película más que recoja la estética y el espíritu de In the mood of love y 2046, éste es el lugar. Pero, estimado creador de amores imposibles, dése prisa querido Won, porque este lugar vintage va a ser sustituido por otro que dicen que será más moderno. Está visto que no tienen ni idea de lo que significa la palabra moderno. El hotel Okura de Tokio, amigos míos, nacido para las Olimpiadas de 1964 va a morir por culpa de las Olimpiadas de 2020. Ante dicha eventualidad, fui a darme allí un paseo nostálgico con la versión del Siboney de Connie Francis retumbando en mi cabeza.

En esas ocasiones en los que uno visita lugares en los que no encontrará turistas en pantalón corto, hay que vestir las mejores galas, acordes al lugar visitado. No es mucho de lo que dispongo en Tokio, pero nunca me falta una camisa que no desmerezca ni al hotel Okura ni al palacio presidencial de Saigón en la extinta Vietnam del Sur. Y una vez que uno traspasa el umbral del Okura, se da cuenta de que aunque en los bares de los pueblos chicos se rían de mis camisas, aquellos lamentos de ignorancia se enjuagan en un lugar como éste.

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En este hotel de moqueta y lámparas sublimes, en vista de su cercano fin, es donde podríamos emular a Tony Leung en In the mood of love y, aunque él lo hiciese en las ruinas de Angkor, hacer aquí un agujerito en la pared en el que introducir un papelito donde hayamos escrito un secreto y luego taparlo, para que el secreto esté a resguardo. Ese secreto desaparecerá muy pronto, como la obra de los arquitectos Yoshiro Taniguchi y Hideo Kosaka, como las decoraciones del artistas Shiko Munakata y el ceramista Kenkichi Tomimoto, los autores, más que de un hotel, de una atmósfera de los años 60 del siglo XX que aún conserva su aroma en cada pisada que damos en el hotel.

¡Qué más se puede decir de un hotel donde el plato estrella es el consomé y aún sirven vermú con aceituna rellena de pimiento rojo en su interior! Nada. Las fotos que acompañan completan el viaje. Solo queda decir que de todos los viajes de estos años, es uno de los que más lejos me ha llevado, a pesar de estar solo a unas estaciones de metro de mi residencia tokiota. Pero ya se sabe, los viajes en el tiempo son algo muy doloroso.

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P.D Hay una página web, savetheokura.com donde se recogen firmas para salvarlo de las excavadoras.

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3 pensamientos en “El hotel Okura de Tokio

  1. Plenamente mimetizado con el ambiente te veo, amigo. Parece que los creadores te pusieron allí como atrezzo 😉
    ¿Cómo pueden los japoneses, tan cabales y respetuosos ellos, cargarse una joya de esta talla? No comprendo…
    Gracias por el enlace, me he ido directa a él. SAVE THE OKURA!!
    (¿Y el espíritu poseído de Jack (Nicholson) Torrance no te asaltó en alguna esquina?)

  2. Para que luego digan que por estas tierras del sur nos cargamos el patrimonio.
    Donde ira ahora el dandy de la foto en sus estancias japonesas a tomar el vermuth ???????

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