Carne magra

(Invierno tokiota 05)

Caratula vídeo Bajos Fondos

Mi querido Nando, ¿se queja usted de la visión de la carne por la calle?, permítame que me ría ¡já! Carne, lo que se dice carne, fue lo que me encontré yo el otro día que salí de mi patio por hacer de lazarillo a un tío mío que vino a arreglar no sé qué asuntos. Muy de mañana me arrancó de lo calentito de mi casa y aún con el cuerpo “entumío”, que diría mi abuela, me vi en una cafetería de un polígono industrial de las afueras rodeado de escayolistas enfundados en un mono de trabajo que en absoluto deseaba ocultar su oficio. Tan temprano suelo ser incompatible con la vida, si a eso unimos las voces, los ruidos de la cafetera, la televisión y las reclamaciones de ¡mi media con tomate!, mi cabeza iba a explotar. Buscando algo de paz simulé necesidad de aliviarme y como los jabalíes cuando son amenazados por una rehala de podencos, reculé en una zarza-cuarto de baño. Pero, querido amigo, lejos de encontrar la paz encontré un monumento a la carne en su más erótica extensión. Sí, allí, en una pequeña estancia que hacía de preámbulo al excusado propiamente dicho, el dueño del local había dispuesto una vitrina donde tenía puestas a la venta una colección de películas pornográficas. Al principio no me apercibí de la realidad, pero al segundo vistazo sus inequívocos títulos no dejaron lugar al error. “Haciendo dedo”, “Fantasías Trans”, “La iniciación de Linda”, “Indómitas jovencitas”, “Las chicas de los bajos fondos”, “CamasutraX”…  no podían narrar las aventuras de Sor Citroën. Las carátulas tampoco ocultaban la materia sobre la que versaban sus contenidos. Y, entremedias del amasijo de carne magra, sin previo aviso ni sentido “La Semana Santa de Sevilla”. ¿Qué significa todo esto? No sé, no alcanzo a comprenderlo, pero no se queje usted por encontrarse a un señor en paños menores en la calle, que aquí puede sorprenderle en cualquier bar un expositor mostrándole lo magro a cascoporro.

Tampoco sé qué ocurrió a lo largo del día. Me sorprendí varias veces pensando quién compraba esas películas, dónde las vería, si tendría negocio el dueño del bar con el tenderete que había montado en el servicio, y tantas y tantas preguntas que en más de una ocasión provocaron que mi pariente me llamara la atención.

Carne magra ¡já! cuando quiera, querido Nando, se viene conmigo al bar poligonero, al amanecer de cualquier día. Entonces sí que se le va a cortar el cuerpo.

Fantasias

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2 pensamientos en “Carne magra

  1. Pero buen hombre, para una vez que abandona su patio ¿cómo se le ocurre irse a un ‘polígamo’, criatura? Teniendo como tiene a un paso plazas históricas y monumentos patrimonio de la humanidad… ¡Ay, no tiene usted remedio!

  2. Cómo he empatizado con usted en esa fría mañana de hosteleria de bajo refinamiento.El ruído,la mañana,un bar,pornografía ruda…Pura Kriptonita para este preanacoreta que sólo anhela soledad general y un poco de Sol y agua marina.Le diré que su metáfora jabalina da por bueno el día de hoy.Polígonos y semirrectas.Paz para todos.

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