Carne para un jifero

(Invierno tokiota 04)

Sumo

Las cosas como son, a los que somos de pueblo chico de interior, las desnudeces es que no acabamos de comprenderlas. Los que han nacido en Torremolinos siempre han estado acostumbrados a la carne magra, pero los que teníamos la playa a tres horas o más, tanta impudicia nos da resquemor. Es como si un nativo de los tebeos, con hueso en la nariz, le invita a usted a comer sopa de “una olla muy grande que tenemos en el poblado” -a decir del nativo-; por muy limpio que vaya el del hueso en la nariz, usted no se fía y piensa que la carne de la olla va a ser su esquelética figura. ¿Por qué piensa uno así? ¿Por el hueso que le atraviesa la nariz? ¿Por la lanza? No, simplemente porque no se puede esperar nada bueno de alguien que anda por ahí “medio en coreto”, que decía mi madre.

Ése y no otro es el gran mal actual de la humanidad, el ir en cueros sin tener, como era el caso de Simeón el Estilita, una columna que lo separe a uno del resto de los mortales vestidos. Y el otro día, como si el malvado sabio Fristón, grande enemigo mío y de Don Quijote, hubiese decidido llevar su ojeriza para conmigo más allá de La Mancha, me encontré aquí, en el barrio de Akabane, en Tokio, estos cuerpos de gordos desnudos. ¿Qué hacían allí, en plena calle? Yo solo iba a comprar un cachito de carne para la cena (¿fue ese mi pecado?), cuando me encontré con esos señores impúdicos, jugando con los niños a que sus manecitas se resbalasen por sus carnes. Y esos niños, creyéndose con doscientos kilos de blandiblú entre sus deditos, apretaban, constreñían, presionaban, prensaban, chafaban y embutían sus apéndices en aquellas montañas desnudas.

Un gordo desnudo -o ya puestos, una princesa del pop-, así, tan pancho, como si fuese un abuelo con boina fumándose un Tres Carabelas, no puede ser un espectáculo edificante para las almas candorosas. Más bien carne para un jifero.

Y además, hacía frío.

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2 pensamientos en “Carne para un jifero

  1. Coincido plenamente con usted.La falta de ropa es síntoma de la falta de algo más.Será que también tengo sangre de pueblo y una familia muy de guardar las formas.Acuérdese lo mal que lo pasamos en aquella playa donde nos llevó nuestra Gloria con ausencia de ropa de baño.Pero como el que se queda mirando el dedo que señala la luna,me ha sorprendido otra cosa de su relato.Amigo mío..¿Va usted solo a comprar carne en aquel lugar? Me deja con el culo torcido,si se me permite la expresión.Y yo pensando cada tilde..

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