Turismo chatarra

(Las invasiones bárbaras 02)

Todos contra la Mona Lisa

Todos contra la Mona Lisa

Mi querido Nando, a su “socialización del bienestar” enfrento yo el sabio refranero español con aquel que dice “no está hecha la miel para la boca del asno”. ¿Cuál definición tiene más razón? Veo que usted mismo se está contestando. La socialización de bienestar es palabro inventado por algún político, algún economista o, lo que es aún peor, algún economista con aspiraciones a político. Vacíos inventos de ineptos que justifican el manoseo de cosas que tienen que ver con lo importante. Lo peor de todo es que estamos gobernados no por el que vale,  no por el que se maneja con sentido común, sino por el más osado, por el que se aprovecha de la prudencia del que sabe el valor que tienen las cosas.

Así ¿qué espera usted? ¿que sus viajeros de saldo extraigan consecuencias de lo que ven? Eso es turismo chatarra. Turismo que da el mismo trabajo que el bueno pero no deja dinero ni satisfacción para el que lo trabaja. Turismo que está deseando volver a su casa para relatar que estuvo en tal lugar, incapaz de contar lo que aprendió allí sencillamente porque no aprendió nada. ¿Turismo cultural? Ja, ja, ja, ja… ese se hace en soledad, no en un autobús con cincuenta catetos que, ahora que la suerte les sonríe, se sienten los reyes del mambo cuando, en realidad, son tan esclavos como los que les sirven el café.

La perdida de Samotracia

La perdida de Samotracia

Ojú qué caló

Ojú qué caló

 

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5 pensamientos en “Turismo chatarra

  1. ¿Acaso yo estoy diciendo lo contrario? Todo esto se resume en una frase que mi tío Fernando pronunció en cierta ocasión una noche, después de estar todo el día trabajando y sirviendo mesas en la terraza del bar. Acabamos de recoger todas las mesas y sillas cuando alguien le preguntó: “Fernando, a ti qué te hubiese gustado ser”. Y mi tío contestó: “Carpintero”. ¿Carpintero? ¿Para qué?
    Y él, muy flemático, contestó: Para hacer puertas y que la gente no pudiese salir de sus casas
    Suyo, este que lo es

    • Querido o querida Noturista cultural, ahora vivo recluido en mi patio por voluntad propia, pero en otro tiempo ni lo pisaba. Pensaba yo, como le ocurre a mi viajero amigo, que todo me lo tenían que enseñar fuera, hasta que me di cuenta que lo bello, lo ordenado quedaba dentro. Viajé y viajé buscando verdades y lo que encontré fueron embustes. De ese no parar me quedan tantas fotos como fracasos. Además, tengo amigos y vecinos que me regalan lo que ven. Acepto esos regalos cuando responden a pensamiento, a crítica, cuando testimonian realidad, no cuando ME testimonian, a lo selfie.
      Las fotos de hoy pertenecen a este grupo. Son regalo. Regalo de una amiga que sabe mucho de lo que se oculta, de lo que se olvidó, de la sorpresa escondida.

  2. La otra del desayuno de los estilitas

    Pues sí, queridos no-turistas culturales, muchos cuando viajan consideran que “Si hoy es martes, esto es Bélgica”, pero si es lunes o jueves o domingo puede ser Tokyo, Albacete, Nueva York, Granada, Córdoba o Shangai, da igual. El viajar abre la mente y cura muchas cateteces, pero claro depende mucho de cómo se tenga la mente antes de hacer la maleta y emprender el viaje. Y yo me pregunto ¿qué culpa tiene la pobre Gioconda o Monalisa –como cada quien quiera llamarla- para que se le llene la sala, no la dejen descansar, no tenga ninguna intimidad, porque claro cómo se va a tener intimidad si todo el día tienes tu casa, perdón tu museo, llenito y tu eres una de las damas principales y todos quieren saludarte?, Uffffffff, menos mal que los martes cierran para limpiar, conservar, montar exposiciones, vamos para hacer sábado que decimos por estas tierras sureñas. Ese día solo te saludan quienes te quieren como eres, sonrías o estés triste, esos que viven en tu casa o trabajan en ella para enseñar a quienes te visitamos de vez en cuando qué es un museo, cuanta belleza podemos ver en ellos y cuántas cosas podemos aprender cuando descendemos desde la transparente pirámide de Pei al gran hall central del Museo del Louvre, y entramos a ese mágico mundo del aprendizaje que nos hace más cultos, pero sobre todo nos hace más comprensivos, más tolerantes, mejores personas. Lo bueno no es viajar por viajar, lo bueno es viajar para aprender.

    • Mi inquietante amiga “la otra del desayuno de los estilitas”, nada puedo decir después de usted. Como decían los antiguos censores “Nihil obstat quominus imprimatur”.

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