La damisela a caballo

(Viaje a Lisboa 11)

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Después de la noche de tíos que paran toros con el pecho, hoy ha tocado un poco de turismo e investigación para los alemanes; Frau Merkel paga. Como voy casi de la mano de un portugués, gallego dialectal concretamente, no me he preocupado por perderme.

Adjunto en primer lugar el cartel del servicio de correos para demostrar que aquello que dije, sobre el que ve la ausencia del padre cuando ve a una damisela a lomos de un pony, era verdad. Ahí está, la damisela a caballo, soplando una trompeta para más inri.

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Entre otros sitios hemos estado en la “Confeitaria Nacional”, establecimiento con 180 años de historia como indican sus carteles. Allí hemos pasado un rato estupendo, saboreando el cafelito -viajar sin café es como mear y no echar gota- y probando sus dulces. En Portugal, por cierto, se estila el café espresso al estilo italiano, corto, fuerte: la bica, un deleite. De paso he garabateado al viajero número uno, el simbolista gallego que desconoce la obra de Odilon Redon pero ve la ausencia del padre y que en vez de café se ha pedido un agua con gas. ¡Qué cosas! Si lo viese un poeta le llamaría melifluo, que son palabras que los poetas tienen siempre en la punta de la lengua por si hay una pelea con navajas.

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Luego nos hemos ido de barrios, para alejarnos de los turistas y comer bien y barato. Y lo hemos logrado, en una taberna de nativos donde nos hemos deglutido unas estupendas sardinas. No ha faltado la visita a un mercado donde todo lo que había era viejo y no había nada antiguo. Las compras que hemos hecho han sido dispares: unas ridículas y otras incomprensibles. Es la esencia de los mercadillos, quitarle de en medio algunos trastos a los vendedores para que algún día, en un arrebato de limpieza digas en tu casa: esto se va a la basura. ¿Qué irá en el futuro a la basura? Con toda seguridad los pantalones de furbolista de los 80 que me he comprado por un euro. Igualmente la camiseta blanca, otro euro, que ha comprado el daltónico-falso; brilla como los chándal de los yonkis de la heroína antes de los años del SIDA y además creo que le va a estar un poco estrecha de la sisa. Yo me he comprado un álbum de cromos de spiderman carcomido por el tiempo y vaya usted a saber qué bichos. Lo atractivo es que no son cromos con dibujos originales de Ditko o Romita, no, fueron dibujados seguramente por un portugués que a lo sumo tenía 7 años, pero no me pude resistir.

A todo esto se veía desde el mercadillo la ciudad desde arriba, el mar al fondo, la conquista de América, de África, de Asia, del mundo. Eso era antes de que nos pusieran el marchamo del euro en el culo los vikingos de más allá de los Pirineos y nos convirtieran en países apestados.

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Finalmente una voz del más allá me ha llevado a meterme en una biblioteca pública a mirar periódicos de cuando Manolete toreaba en Lisboa y se escapaba junto a Lupe Sino al casino de Estoril. Hasta el día de Linares, puntualmente recogido, como puede verse, en el diario lisboeta.

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