Postales aburridas

(Barcelona 03)

Postal-Aburrida-01

Prosigo mi viaje barcelonés por encargo y acompañado de mi tío Florencio he visitado e inspeccionado por mandato merkeliano la catedral de la Santa Cruz o de Santa Eulalia. No le voy a cansar con las encarnaciones del gótico puesto que de eso ustedes los profetas saben mucho. Sólo le diré que después de verla nos dimos un paseo por el barrio y volvimos al mismo punto y mi tío Florencio se empeñó en que la iglesia que teníamos frente a nosotros era otra distinta, así que la visitamos por segunda vez, supongo que en mi caso para cerciorarme de que la cripta seguía en su sitio, aunque sólo hubiese pasado una hora de la visita anterior. 

¿Es mi tío Florencio de natural despistado? No demasiado, aunque cuando me recogió en la estación de trenes lo primero que hizo fue buscar una buena dirección prohibida con sus autobuses urbanos viniendo de frente. Nada que la marcha atrás de varios cientos de metros no pueda solucionar, un buen invento, supongo que del señor Benz, un alemán. Una vez vez visitada la catedral por segunda vez, nos acercamos a unos puestecillos de antiguallas y recuerdos varios que había en la plaza que le da soportal a la portada. Allí había desde periódicos de cuando Migueli daba patadas, hasta cámaras fotográficas sin pitidos. Usted sabe, mi estimado Simeón Estilita mi afición por las postales aburridas, un subgénero del recuerdo que me entusiasma especialmente. Naturalmente que encontré alguna, aunque este subgénero no es fácil de delimitar y conseguir. Le envio adjunto mis nuevas adquisiciones. La primera es la imagen de un hostal de San Antonio Abad (Ibiza). Curioso, verdad, que el lugar sea nombrado por un santo, nada debe ser casualidad. Es una postal que cumple muchas de las cualidades de la postal aburrida: la vida se ha detenido, no hay personas, nada se mueve, en definitiva. Y los modelos de los coches ,¿los ha visto usted bien? ¿ha visto sus colores insulsos pero agradables? Hay simcas, seillas, dos caballos, cuatro latas ¡qué nombres! Y lo mejor, ese cartel de Mirinda, a la derecha, mi refresco favorito. Las sillas del bar son otro factor a tener en cuenta, dan ganas de estar allí sentados por los siglos de los siglos amén. Por último, un detalle que casi parece esconderse en el escorzo: la caja de ahorros. Sólo podemos leer “Caja”, pero se intuye el resto. ¿Y qué tiene de especial?: la fachada, amigo mío. Si los bancos hubiesen seguido con esas fachadas encaladas y aburridas en vez de dedicarse al mármol y el acero inoxidable, este país estaría funcionando. Dejo para mañana la segunda postal que adquirí, digna también de mi colección de postales aburridas. Hasta entonces, adeu y recuerde que las postales aburridas dicen más de lo que prometen.

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