Casa Pepe, unidad de destino en lo Universal

(La Barcelona de mi tío Florencio 01)

CAM02974

Me voy a Barcelona aprovechando que tenemos que presentar (José Lázaro al dibujo) en Elda nuestra novela gráfica El último yeyé, cuyo protagonista, Ruperto, por cierto, está causando furor en los conventos de clausura. Como la prisa es para los malos toreros, nos paramos a tomar un cafelito Despeñaperros, un nombre precioso, por cierto. Y he aquí que acabamos en lo que se ha convertido en un parque temático rojo y gualda y que se conoce como Casa Pepe. ¡Oh tempora, oh mores! Casa Pepe es un viaje al pasado como ya no quedan, eso sí, aderezado con gran vista comercial y reconvertido en objeto de sí mismo. Casa Pepe es un lugar en el que te ponen un café expreso (que estaba buenísimo, por cierto, de categoría de gastrobar con plato cuadrado, pero a precio de bar de pueblo) en taza con banderita rojigualda. Y mientras usted se toma el café puede pasear por el restaurante Casa Pepe contemplando los extraordinarios productos que ofrece y admirando fotografías de un señor de bigotillo que tenía voz aflautada, el Caudillo, para que nos entendamos. En realidad, si el Valle de los Caídos quedara sepultado por un meteorito y la Fundación del patas cortas se disolviese por falta de fondos, importará un pito, porque el centro mundial de recuerdo al amigo de Millán Astray está en Despeñaperros.

Taza de café casa PepeCasa pepe

Para que nos entendamos, Casa Pepe es una tienda de souvenirs como las que pueblan este mundo de turistas de autobús. Fue eso precisamente lo que eché en falta, autobuses. Cientos de autobuses suben a ver la Virgen de Montserrat y se compran una figurita de la virgencita y mientras tanto, Casa Pepe, un lugar de mayor atractivo turístico, donde va a parar, languidece recibiendo yeyés que dudan si comprarse el mandil con el aguilucho franquista por si una noche de orgía hay que destacar entre los de mayor potencia sexual, o los dulces llamados tetas de monja con la lasciva cara de la monjita, pobre.

Tetillas de monjaLata casa Pepe

Con todo, quizá el objeto más interesante del parque temático Casa Pepe sea la Memoria USB Águila San Juan. ¡Menudo melocotonazo! ¡Ya estamos tardando en llevar allí autobuses de japoneses a por su USB! ¡Ni Alhambra ni ostias! Casa Pepe es, sin duda, un viaje al pasado como quedan pocos y también un lugar en el que te encuentras gente rarísima. Sin ir más lejos, mientras echaba un vistazo al vino tinto marca Casa Pepe con foto del caudillo, un señor con edad de haber hecho la mili con él me seguía y finalmente se atrevió a entablar conversación conmigo. Yo creí que me iba a hablar de los tiempos en que un señor con fajín iba bajo palio, pero no, el buen señor me aclaró que esas botellas de vino rojigualdas a nueve euros estaban carísimas porque ese vino se vendía normalmente a dos euros. Y así me fue relatando lo mismo con el membrillo rojigualda, el chocolate rojigualda… Yo me fui de aquella tienda del souvenir dictatorial y el señor se quedó allí, aleccionando a otros turistas, con lo que queda demostrado que Francisco Franco Bahamonde le importa un rábano a todo el mundo, lo que importa es el precio. Ahora bien, los turistas japoneses sí pagarían nueve euros por la botellita rojigualda, solo hay que llevarlos hasta allí en autobuses y decirles: “Tipical spanish, señor con bigote, constructor de pantanos”.

Anuncios

Un pensamiento en “Casa Pepe, unidad de destino en lo Universal

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s