Hago lo que me da la gana

(Todo sigue igual 02)

Plaza del Potro

Antes de que los hombres con capirucho llenasen las calles de mi ciudad, decidí una noche hacer una especie de visita turística de madrugada y aprovechar los últimos días sin trompetas y tambores. El recorrido fue el más turístico posible, así que no faltó la calleja de las flores, a solas, ni el Templo Romano, recién adecuado para que hasta los bizcos le echen un buen ojo, sin vallas de por medio. Hacer de turista -viajar- en tu ciudad siempre parece raro, como si uno no tuviese el cerebro dispuesto a la congoja, algo que sí sucede cuando estás en otros sitios y todo te parece memorable. Antiguamente, con los carretes de fotos, te parecían menos cosas memorables, pero hoy día, con los móviles, la piel mudada de una bicha en Fernando Poo te parece merecer 32 instantáneas, todas borrosas, cuando a esas pieles de bichas le dábamos una patada en mi pueblo cuando éramos chicos al grito de ¡qué asco! Esto es lo que nos ha traído la generación pixeles, que no se sabe dónde está el valor de lo que merece la pena ser encerrado en una fotografía.

Con todo, en vez del móvil me llevé mi discreta Leica para intentar centrarme en lo turístico, pero ni aún así logré escapar de lo que yo llamaría fotos de móvil. La primera, el ejemplo que sigue a continuación:

Farmacia Conservatorio

¿En qué quedamos? ¿Se trata de una farmacia o del Conservatorio de música? Tiene su guasa, pero no deja de ser una foto estúpida. Sin embargo, el ejemplo que cierra estas líneas de viaje por mi ciudad sí cuenta mucho de ella. Cuenta cosas que no se encuentran en los libros, ni te explican los guías. Son esas cuestiones que parecen una nota a pie de página de los sitios, pero que nos cuentan cómo son sus moradores. Y en este caso, cuentan mucho de una persona, que no sé quién es, pues no sé quien vive tras la puerta y el cartel fotografiado. Sin embargo, me identifico mucho con el responsable de ese cartel porque aunque parece haberlo escrito con el propósito de que nadie aparque delante de su puerta, dice mucho más, dice que esa persona hace lo que le da la gana cuando le da la gana. Ese precisamente es el deseo del viajero, llegar e irse de un sitio de otro sin tiempo, sin control. Y en este caso, el protagonista parece ser de todo menos un viajero. ¿Sería esta la puerta de entrada a la casa de un ermitaño? En cualquier caso, alguien que entra y sale cuando le place debe ser el tío o tía más feliz del mundo.

Cartelito no aparcar en la puerta

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