Una novela de 1.000 páginas

(El Imperio del Sol Naciente 03)

Hellow kitty de chupachups

Mi querido dueño. Dice usted que va a escribir una novela de 1.000 páginas. Dice usted que casi tiene ya pensado el título. Dice usted que la primavera está cerca. Dice usted que no me queje. Yo le responderé con un refrán de su tierra española: camarón que se duerme, la corriente se lo lleva. Por si no se ha enterado bien, se lo explicaré en japonés, ¿ve usted los kittychan de la foto (o hello kitty que dicen en España)? Sigue leyendo

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¡Que me comen los demonios!

(El Imperio del Sol Naciente 02)

He cogido el tranvía y me he plantado en Shinjuku, uno de esos barrios donde los alrededores de la estación son un hervidero. ¡Vivan las frases hechas! Lo que te facilitan la vida. He ido allí porque en un santuario (religión sintoísta) había una ceremonia para ahuyentar a los oni o demonios. Al parecer hay aquí más de uno, no pasa como en Occidente que a pesar de llamarse Mefistófeles, demonio, diablo, ángel caído, el cojo, Satanás o Belcebú son la misma persona y tienen cuenta en Suiza. Sigue leyendo

El Imperio del Sol Naciente

(El Imperio del Sol Naciente 01)

Tita Michiyo y un servidor, después de gritar Banzai

Tita Michiyo y un servidor, después de gritar Banzai

Después  de la ruptura con mi empleador alemán he huido a Tokio. Y aquí estoy, refugiado en el torneo de sumo, a las faldas de la bella Haruko. ¿Se puede vivir del cuento? Solo hay que intentarlo. Mi tío Ruperto lo hizo hasta que la cascó por culpa del jodío fumeque, que decía Juncal. ¿Cuáles son mis intenciones? Sigue leyendo

Quítate tú…

(Munich-Munchen 05)

La fábrica de cerveza Oberndorf, cerrada, muerta.

La fábrica de cerveza Oberndorf, cerrada, muerta.

Mi querido Nando, magnífica la radiografía de la soledad. ¿O debería decir de la sociedad? Efectivamente el paisaje de su añorado Obendorf es el de la decadencia, el de la vejez. Igual que a Obendorf, a este mundo le hace falta un rejuvenecimiento, o terminar de morirse, no lo sé. Sigue leyendo