Quería unas zapatillas

(Zapatillas 01)

Muestrario zapatillas deportivas

Mi querido Nando, sigo quejoso con usted. Mis motivos tengo. La otra mañana, sin ir más lejos, lo necesité. Ocurrió que me convidaron a comer sardinas asadas al campo. Yo no salgo de mi patio, pero me vi en la ineludible obligación de aceptar. Prometieron recogerme y entregarme en coche sin molestia alguna para mi persona. Al punto de preparar mi indumentaria el día de antes, -usted sabe de lo previsor que soy-, caí en la cuenta de que no tenía calzado deportivo propio para afrontar la expedición. Imagínese que se pone un buen día de campo y a alguno con inquietudes exploradoras le da por subir a lo alto de una peña para ver el paisaje ¡qué cosa más tonta! y me veo en el compromiso de acompañar a la expedición sin el calzado adecuado. Decidí, llámeme loco si quiere, ir a comprarme unas zapatillas deportivas. Lo ocurrido resultó así:

  • Buenos días, ¿qué desea?
  • Buenos días, quería unas zapatillas deportivas.
  • ¿Para qué?
  • ¡Cómo que para qué! Pues para ir al campo, por si un día me convidan a dar un paseo o a jugar un partido de furbito. Para lo que son unas zapatillas deportivas, no se crea otra cosa, señorita.
  • Ya, ya, es que me tiene que especificar el deporte.
  • Hombre… pues… yo… de antemano… no sé el uso concreto, pienso más en un uso variado.
  • Verá, es que hay zapatillas para tenis, para fútbol sala, para padel, para running…
  • Mire, señorita, mi madre me compraba unas zapatillas deportivas y me valían para todo. Eso es lo que yo quiero.
  • Bueno, veremos qué podemos hacer. ¿Es usted pronador o supinador?
  • Señorita, perdóneme usted ¿su madre sabe que dice esas palabras?
  • Me refiero a cómo reparte usted el peso de su cuerpo.
  • Mire señorita, yo sólo sé que cargo a la derecha, pero hasta este momento ésa era una información que sólo compartía con mi sastre.
  • Mire, ahí tiene las de caballero, escoja la que le guste.

Se marchó. Al cabo de un rato mirando la estantería reanudé la conversación con la dependienta. Sigue.

  • Mire, señorita, he descartado todas las que tienen colores imposibles, que han sido casi todas. También he descartado todas las de formas espaciales, que han coincidido en buena parte con las primeras y, al final, creo que las que menos me disgustan son éstas. Lo único que pasa es que las veo un poco veraniegas y de todos es sabido que en el campo hace más frío que en la ciudad. Eso me preocupa.
  • No, no, son de invierno. Lo que ocurre que éstas no son zapatillas deportivas, son zapatillas de vestir.
  • ¿Cómo?
  • Sí, son para llevarlas con un vaquerito o un chino.
  • Señorita, está usted mezclando churras con merinas. Pantalón vaquero, zapatillas deportivas y “de vestir” es una trilogía que en modo alguno puede combinar.

De repente se giró y sin más se fue.

Sólo, acobardado y con una increíble sensación de tonto me tuve que volver a mi patio. Ve usted, querido amigo, cómo le necesito. Debo salir de casa con lazarillo, con protección, con escolta porque este mundo casi no lo entiendo. Esa es su principal obligación y no la está cumpliendo. Por todo ello aborté la operación compra de zapatillas y a la mañana siguiente fingí una noche de tormentos estomacales para eludir la salida. Yo no puedo ir al monte de cualquier manera como tampoco puedo salir a la calle de aquella otra.

Esa es mi queja con usted. Sabe que luego le recompenso con creces. Tengo su fino en rama esperándole siempre. No me deje.

Hasta más ver.

 

Simeón el Estilita.

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6 pensamientos en “Quería unas zapatillas

  1. ¡Jajajaja!

    Usted lo que necesita es contratar los servicios de una/un ‘personal shopper’, para que le solucione la papeleta. Que le explique su amigo Nando en qué consiste. Y ya se sabe, los amigos que no están cuando uno los necesita…

  2. Querida Gloria, sustituyo su “personal shopper” por el castizo “lazarillo”. Coincidirá conmigo en que un lazarillo es mucho más completo que un “personal shopper”. Un lazarillo te ayuda a cruzar la calle, comprar queso, trasplantar geranios, regar las plantas y, sobre todo, a interpretar las claves de la vida moderna. El problema es que la persona que yo había designado para tal menester va y viene a su antojo sin rendir cuentas.

  3. Amiga Rosa, ya ve usted cómo me va fuera de mi patio, fingiendo tormentos estomacales para evitar salir al campo sin el calzado adecuado.

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