Por peteneras

(Saigón 09)

Se me olvidó decir que aquí los profesores de Universidad, como puede ver por sus gorros y atuendos, en vez de pedirle a los becarios que les escriban los libros para firmar ellos, o sacarles los cuartos con tesis doctorales, incluidas las invitaciones del doctorando a los miembros del tribunal en restaurantes de postín con yin y yangtonic incluídos, aquí, decía, más humildes, con menos panza, se van al templo taoísta a echar unos cantos, que sale más barato para los doctorandos. Pero para que no se confunda nadie de mis verdaderos gustos musicales, dejo un enlace al yutube con mi disco favorito vietnamita: Saigon Rock and Soul: Vietnamese Classic 1968-74 (https://www.youtube.com/watch?v=d2clv1NSsfo). Como se puede escuchar, el fin del mundo yeyé coincidió con el fin de la guerra y de la breve historia de ese país llamado Vietnam del Sur.

Una de las cosas que te aconsejan las guías de viajes es ir al barrio de Cholon, el barrio chino, y yo, que siempre fui muy obediente, me planté allí acompañado de mi geisha. Allí lo que hay son muchas pagodas, templos chinos todos relativamente recientes. Pero siempre hay un tesorillo escondido en todos sitios. En este caso, para mí gusto por lo incomprensible, fue la pagoda de Khanh Van Nam Vien. Allí mora Lao Tsé y el taoísmo. Se trata efectivamente de un templo taoísta, al parecer el único de Vietnam. Usted sabe, mi amigo Estilita, eso del taoísmo, algo que no nos enseñaban en la Facultad porque el eurocentrismo de nuestros profesores lo fiaba todo a Parménides y Heráclito, coetáneos de Lao Tsé pero sin toro al que subirse. Eso del taoísmo es como mi amigo Faustino, que puede defender una tesis y la contraria al mismo tiempo. En el libro del Tao Te King se encuentra usted frases que parecen del curso de entrenadores portugueses de fútbol, que se pueden aplicar igual en caso de derrota como de victoria. La pagoda o templo en cuestión resultó sumamente curiosa por varias razones: dentro había una especie de casa de acogida para mujeres pobres y un cementerio en forma de estanterías en las que había unas cajitas de colores con inscripciones chinas, con más adorno o menos según lo que usted haya pagado. Podía decidir allí mismo el precio, había cajeras dispuestas para ello.

No es un puticlú chino; es un templo taoísta

No es un puticlú chino; es un templo taoísta

En este templo lo que gustaba mucho era quemar cosas, ¡ah, el fuego purificador! ¡Qué bien tuvo que arder Roma! Aquí, a falta de Nerón y echarle la culpa a los cristianos, lo que queman los budistas saigoneses de origen o vocación chinotaoísta es principalmente incienso, cosa que yo imité, no en vano me leí de yin a yang el Tao Te King cuando no me gustaba ni leer. A lo que ya no me atreví es a quemarle a los dioses o a los muertos alguno de los billetes falsos de papel (jochimines e incluso dólares se vendían en los alrededores) o, agárrese que vienen curvas, las camisas, zapatillas y trajes, todo puro papel dispuesto para arder y que vendían en tiendas cercanas. Eso es como si usted no quiere enterarse que Unamuno ya se murió y va al Zara y le compra una pañuelito. ¿Para qué, si Unamuno ni se va a enterar? La cosa tiene su gracia; de hecho, me parece que estos taoístas puros son unos cachondos porque se le puede comprar un traje al muerto en recuerdo de sus buenos tiempos pero observe la foto y mire los trajes de papel que se venden para la ofrenda, no me dirá que son discretos.

Trajes fashion de papel para quemarselos al muerto

Trajes fashion de papel para quemarselos al muerto

Ahora bien, la joya de la corona está en una habitación lateral del templo, allí está la Capilla Sixtina de Miguel Ángel, con su cielo, su infierno, sus can cerberos, su juicio final. Le adjunto documentos porque como verá, el infierno es una representación cabal de lo que el barbero de Saigón me hizo cuando entré el día anterior en su casa de torturas.

El cielo

El cielo

El infierno o el barbero de Saigón

El infierno o el barbero de Saigón

El juicio final

El juicio final

Por lo demás, mucho cántico, mucho incienso y mucha gente amable que me ayudó a encontrar el templo porque está en, lo que se dice, un recoveco de la calle. Visto el yin, me fui a por el yang en forma de cafelito helado vietnamita con sabor a chocolate. Hacía una calor que ni con traje de papel se aguantaba.

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