La senyera de Saigón

(Saigón 07)

Antiguo palacio presidencial

Antiguo palacio presidencial

El otro día le mencioné de pasada el antiguo Palacio presidencial de la extinta República de Vietnam del Sur (hoy día museo o palacio de la Reunificación) y mostré una foto de su fachada sesentera obra como todo el palacio de un arquitecto llamado Ngô Viết Thụ. Pues bien, decidí entrar a visitarlo y no puedo estar más contento: ¡Qué lugar! ¡Qué búnkeres! ¡Qué olor a naftalina! ¡Qué muebles de guateque! ¡Qué balcón para salir a saludar! ¡De billetaje!

Una de las cosas que más me impresionó fue la mesa ovalada, ¡qué categoría! ¡qué brillos! ¡fetén! Ningún presidente que se precie debería carecer de mesa ovalada. Una mesa ovalada lo hace a uno presidente de Vietnam del Sur con licencia eclesiástica y bula para la fornicación de nativas. Usted pone una mesa ovalada así en un despacho y no hay quien le tosa, amén de instalarle los de la CIA gratis unos micrófonos con radiocasete de doble pletina y cintas BASF. La mesa ovalada permite además controlar sin gafas a todos los ministros. De hecho, las mesas ovaladas se venden por docenas de ministros. Usted va al almacén y le pide al vietnamita que le atiende con un serrucho en la mano: “Póngame una mesa ovalada”. Y éste le contestará de inmediato: “¿Para cuántas docenas de ministros la quiere usted? Y usted contesta: “Póngame para dos docenas”. Así de fácil, como comprar huevos en el barrio. Una vez que le han instalado la mesa ovalada en el despacho principal, comienza usted a nombrar sus ministros. Los primeros serán los de Interior -un cuñado; si hay dos hace usted al otro embajador en Liechtenstein- y el de Exteriores -que chapurree francés, que queda chic en las recepciones de alto copete-. Luego, dependiendo de dónde sea usted Presidente, rellena el resto de la mesa ovalada. Para el caso que nos ocupa, Vietnam del Sur, no le puede a usted faltar el Ministro de cazar elefantes (véase foto adjunta), el cual, por Navidad, le regalará a usted unas katiuskas de paquidermo para cuando la tormenta de la tarde (que ya le aseguro yo que siempre llega). Otro imprescindible en estos lares es el Ministro de Guateques, pues los muebles bar que puede usted ver en las fotos no pueden estar desatendidos, con su Peppermint Frappé, sus pilinguis y su jukebox con los éxitos del momento (le adjunto mi disco favorito para los gauteques de aliados, el Saigón Rock and Soul Vietnamese Classic 1968-74) . También se aconseja tener un Ministro de Mapas, que salen muy a cuenta y son muy agradecidos porque a poco que se descuide su frontera con el Norte le ha crecido tres pueblos y puede que medio Camboya la tenga usted de casa de campo para los fines de semana. El resto de los ministerios hace usted como en el resto de países, los nombra según la cara y figura de los que le caen bien. Lo fundamental es que casen bien con los muebles, que luego las fotos son muy traicioneras y cambiar el eskai de los sillones no es fácil. La pena de todo esto es que si pierde la guerra con los del Norte -el caso que nos ocupa-, además de freírlo a balazos -algo comprensible, ¡qué otra cosa podían hacer con usted!-, le van a llenar los salones retro del palacio presidencial con banderolas coloradas y jochimines de bronce, a cuya vera los turistas occidentales se echarán una foto de souvenir.

Sala en el antiguo palacio presidencial

Sala “de guateques” en el antiguo palacio presidencial

Mesa ovalada antiguo palacio presidencial

Mesa ovalada antiguo palacio presidencial

Sala en el antiguo palacio presidencial

Sala en el antiguo palacio presidencial

Las famosas katiuskas de paquidermo

Las famosas katiuskas de paquidermo

Por cierto que había por aquí muchos turistas americanos que frisaban la edad justa para haber pegado tiros por aquí hace cuarenta años. Como recuerdo a sus tropelías les han colocado en el palacio un helicóptero y a la entrada un tanque junto al que la grey vietnamita gusta de fotografiarse y un avión F5 al que le han tachado la bandera de Vietnam del Sur. Les ha quedado como una feria, pero con los caballitos a medio montar, solo les falta la taquillera sacándose un moco.

Tanque junto al que la grey vietnamita gusta de fotografiarse

Tanque junto al que la grey vietnamita gusta de fotografiarse

En fin, esto es lo que queda de la antigua gloria de este palacio ¿Se acuerda usted de cuando ponía una casa carísima en Fuencarral en el Monopoly y le llegaba otro y se la quitaba por sus deudas? Pues eso fue ser Presidente de Vietnam del Sur, echar el rato hasta que llegaran los otros. Ahora bien, el tiempo disfrutado en esa mesa ovalada no se lo quita a usted nadie. Una pena lo de Vietnam del Sur, con lo bonita que era su bandera, que hasta el Barça ha decidido este año recuperarla para su segunda equipación.

La senyera de Vietnam del Sur -tachada porque ya no sirve- en la cola del avión que hay a la entrada del palacio

La senyera de Vietnam del Sur -tachada porque ya no sirve- en la cola del avión que hay a la entrada del palacio

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