Café de comadreja

(Saigón 05)

El sombrero de mi geisha me tapa los trasquilones del barbero de Saigón

El sombrero de mi geisha me tapa los trasquilones del barbero de Saigón

Me parece a mí que la comida survietnamita no me hace mucha gracias. Y no lo digo porque el primer día entrásemos en un tailandés creyendo que era vietnamita. Distinguir un restaurante vietnamita de uno tailandés tiene su dificultad, como que algún premio Planeta de los últimos años se estudie algún día en los colegios. Pero una vez que te han puesto una sopa picante ya puede usted decir, ah, esto es tailandés sin temor a equivocarse.

El plato estrella survietnamita es el rollito de primavera-verano que consiste básicamente en que a usted le dan unas hojas de lechuga y con ellas envuelve la carne o gamba que viene al lado. Podríamos llamarlo el sistema IKEA, pero en vez de sobrarle tornillos, lo que le sobra es salsa que le resbala antebrazo abajo y acaba usted hecho un gorrino. Curiosamente, también hay albóndigas, como en el IKEA, y estas se envuelven con hierbabuena, lo que convierte al plato en un mojito de hamburguesa que bien podría anunciarse así en los restaurantes de plato cuadrado. La herencia de la dominación francesa se ve en las barras de pan y en los bocadillos, del estilo vegetal con york, que es algo tan imposible (¿vegetal con york?) como el sí o sí de los entrenadores de fútbol. Y luego están los fideos a lo chino, el vecino del norte que también estuvo 1.000 años dándoles por culo antes de que llegaran los franceses.

Rollitos

 

Ahora bien, no todo es penar en Saigón. El helado de coco, al menos el del restaurante Nhà hàng ngon (tal que así) es para ponérselo en los pezones, de uno mismo si no hay otra cosa, porque está de vicio. El dicho restaurante no tiene pérdida, está en la calle Louis Pasteur, el de la leche pasteurizada. El restaurante bien merece una visita por la casa colonial que lo alberga. Pero vayamos a lo realmente importante de aquí: el café. Sí, amigo mío, el café de estos lares es de producción propia y sabe ¡a chocolate! Eso es como ser Papa renacentista y Sultán de Brunei a la vez. Normalmente este café, al menos en este mes sudoroso, se lo toman con hielo (Ca phe da, lo llaman), por supuesto solo, como debe ser. Ya sabe usted, estimado Estilita, que yo, si fuese líder de Corea del Norte prohibiría los cafés con leche, una de las mayores aberraciones que ha dado la humanidad después del J.B. con Red Bull y el güisqui con sebená y radiocasette de coche en la otra mano.

bebida

 

Para intentar en lo posible recordar algo de este viaje a Saigón no me he comprado bolsos, pulseras de cristales Swarosky y pendientes -como mi geisha-, sino café; café marca Trung Nguyen y café Robusta, que es la especialidad más conocida aquí. He dejado para otra ocasión uno que le sale del culo a las comadrejas. No directamente. Resulta que le dan los granos de café a las comadrejas para que se los coman y luego, una vez espurgados de la cagarruta de la comadreja, empaquetado primorosamente. Luego hay algún mochilero alemán que le echa leche y lo estropea.

Como ve, los placeres vietnamitas están al alcance de la mano y a solo 25.000 jochimines. Así sí se puede vivir.

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