De verbena

(Los huesos del señor Taga 01)

Vestidas para la verbena

Vestidas para la verbena y con el abanico olímpico en la mano

Tenemos que enterrar al señor Taga, ya le toca. Cuarenta y nueve días después del óbito -cosas del budismo-, los huesos del padre de mi geisha están mondos lirondos para que yo los lleve en mis brazos en una cajita al templo. Al parecer, durante todo este tiempo su espíritu ha andado dando vueltas por aquí. Sigue leyendo

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Si por poco no salgo

(Saigón 11)

Mi amigo jochimín

Mi amigo jochimín

Yo me hubiese quedado en Saigón bebiendo café con sabor a chocolate y disfrutando del hotel de cinco estrellas al que me ha llevado mi geisha. De los lujos del hotel no hablo porque es cosa que me interesa poco y son concesiones que hago al Sol Naciente, pero debo decir que el portero del hotel iba vestido igual que el cochero de Nosferatu, la de Murnau, pero con los dientes más amarillos. Unos días en Saigón dan para mucho, y quedará pendiente el resto de Vietnam. Pero si se extraña, mi estimado Simón Estilita, Gabriel Montoya, Rosa Niponia y resto de especímenes que temían por mi vida, del encabezamiento de esta misiva es que no sabe bien dónde me metí.
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Los infiernos

(Saigón 10)

Los infiernos

Mi querido Nando, en su última carta me habla del cielo y del infierno que ha visto en la pagoda taoísta de Khanh Van Nam Vien como transposición de la Capilla Sixtina. Me deja atónito. Y me deja atónito porque no veo la diferencia, es decir, que cielo e infierno me producen la misma impresión de miedo. ¿No ha visto usted la cara de malo y la espada tan grande que tiene el dios bueno? ¿Qué pretende premiar con esa actitud? ¿La maldad relativa? Sigue leyendo

Por peteneras

(Saigón 09)

Se me olvidó decir que aquí los profesores de Universidad, como puede ver por sus gorros y atuendos, en vez de pedirle a los becarios que les escriban los libros para firmar ellos, o sacarles los cuartos con tesis doctorales, incluidas las invitaciones del doctorando a los miembros del tribunal en restaurantes de postín con yin y yangtonic incluídos, aquí, decía, más humildes, con menos panza, se van al templo taoísta a echar unos cantos, que sale más barato para los doctorandos. Pero para que no se confunda nadie de mis verdaderos gustos musicales, dejo un enlace al yutube con mi disco favorito vietnamita: Saigon Rock and Soul: Vietnamese Classic 1968-74 (https://www.youtube.com/watch?v=d2clv1NSsfo). Como se puede escuchar, el fin del mundo yeyé coincidió con el fin de la guerra y de la breve historia de ese país llamado Vietnam del Sur.

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La senyera de Saigón

(Saigón 07)

Antiguo palacio presidencial

Antiguo palacio presidencial

El otro día le mencioné de pasada el antiguo Palacio presidencial de la extinta República de Vietnam del Sur (hoy día museo o palacio de la Reunificación) y mostré una foto de su fachada sesentera obra como todo el palacio de un arquitecto llamado Ngô Viết Thụ. Pues bien, decidí entrar a visitarlo y no puedo estar más contento: ¡Qué lugar! ¡Qué búnkeres! ¡Qué olor a naftalina! ¡Qué muebles de guateque! ¡Qué balcón para salir a saludar! ¡De billetaje! Sigue leyendo

El vaquero y otras prendas

(Saigón 06)

Mi querido Nando, de lo que me cuenta en su última carta, relativo a las comidas y bebidas survietnamitas, nada tengo que objetarle. Además, paso por unos días de inapetencia como consecuencia de las calores veraniegas por lo que si usted lo dice, será así. No obstante, sí opino que los rollitos de primavera-verano que me muestra en su foto no tienen mala pinta. Soy curioso para las cosas de la cocina y los probaría sin rechistar, cosa que no haría con una chorreante hamburguesa de esas que se come la juventud de hoy. Para mí la hamburguesa es a la cocina lo que el vaquero al vestir. Sigue leyendo