El Alejandro Sanz turco

(Constantinopolis 05)

Lo bueno de viajar, estimados eremitas, es que aunque a veces veas gente que te recuerdan a otros, no son ellos. Este Mustafá Demir que actuaba en el ramadán bizantino me recordó a Alejandro Sanz, pero sin llantos. Ya es mala suerte que a tu cerebro acuda Alejandro Sanz, pero por lo menos no es él.

Salir de casa es olvidarte de tu sartén a la que se le pega la tortilla, la campana sin limpiar de la cocina y el enchufe que falla. Eso es para mí Alejandro Sanz, un coñazo, una imagen del lastre que sin querer nos persigue. El hombre tiene su público y allá ellos si quieren ver la vida inundada de lágrimas (otra opción sería que leyesen a Jorge Manrique, pero el pobre no sale en los telediarios). Lo bueno, entonces, es que gente que querrías ver en una jaula no aparecen en los telediarios del mundo al que viajas. Ese es el resumen de viajar, quitarte de en medio la chepa de jorobado. Sé que mi estimado amigo Simeón el Estilita prefiere el trino de los periquitos enjaulados, el alejandrodanzismo, aunque él sea de Manolo García por tradición, pero con el vídeo que adjunto espero que sea capaz de abandonar las paredes de tu patio y salir al mundo.

¡Ah, el mundo! ¿Desde cuando no va uno en España a que lo afeite un barbero? No se me ocurriría; sin embargo, aquí, en Constantinopla, he visto una barbería y me he sentido atraído por la navaja del barbero como las víctimas de Sweeny Todd de Tim Burton. Esa sensación del turco rebanándote el pescuezo es preferible a una canción de Alejandro Sanz, el dolor es menor, el sufrimiento nulo, se lo digo yo. Esas son las cosas que hace uno fuera de casa. Como en este periplo que me llevará finalmente al entierro del padre de mi geisha, el señor Taga, doy también un rodeo por Vietnam, se me ha ocurrido pelarme allí. Será en Ho Chi Minh y me pelaré a lo Forrest Gump. Tonto es aquel que hace tonterías. Pero aún estoy en Estambul, poniéndole los dientes largos a mi amigo el Estilita, demorando la crónica sobre el interior de Santa Sofía, que llegará ya, antes de que las lágrimas broten por las treintañeras que acuden a los conciertos de Alejandro Magno, que así se hizo llamar el humilde en su primer LP.

Disfruten ustedes del vídeo, aunque me dirán que no está bien realizado. Les contestaré que es mejor que cualquiera de las cosas que ha rodado Isabel Coixet y a ella le regalan Goyas por ello, a cambio de lo cual derrama lágrimas de cocodrilo. ¡Ah, Isabel! Otra chepa que una buena navaja turca afeitándote hace que olvide. Eso sí, después de afeitarme me tomé un café turco para atajar los nervios, con ese poso amargo del final que hay que combatir con una delicia turca de pistacho. Mañana, Santa Sofía, afeitadito.

cafe

 

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2 pensamientos en “El Alejandro Sanz turco

  1. Nando, 2 euros y medio me costó a mí cortarme el pelo en una peluquería de un pueblo llamado Ninh Binh en Vietnam. Llévate cuaderno y lápiz para ilustrar lo que quieres, a ti que se te da bien el dibujo, y no te arriesgues a quedar como un actor de Bollywood.

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