Un afeitado en condiciones

(Saigón 04)

Sapone Propaso

Sapone Propaso

Mi querido Nando:

Tengo el firme convencimiento de que usted no ha ido a conocer mundo y valorar culturas. Sencillamente usted ha ido a escamondarse. Se afeita en Turquía, se corta el pelo en Saigón ¿qué será lo próximo? ¿enjuagarse la carbonera en el Ganges? Le advierto severamente que si su propósito es éste nuestra relación terminará el mismo día en que me entere. No soy yo hombre de experimentar las atrocidades intestinales que puedan provocarme bichos de otros lugares para los que no hay medicina por estas tierras. Sabe que en cuanto caigo malo, pido la muerte. Sigue leyendo

El barbero de Saigón

(Saigón 03)

Antiguo palacio presidencial

La magnífica fachada sesentera, terminada el año que yo nací, del antiguo palacio presidencial de Vietnam del Sur

Paseaba por Saigón cuando una desconocida fuerza interior me empujó a entrar en una barbería, una de las que ya no quedan en nuestro país, con sus azulejos blancos y sus telarañas. Hay quien le entra ese no se qué y ve a la Virgen, a resultas de lo cual mana agua de un árbol al que le ponen una verja y se cobra a razón de mil duros el milagro. En mi caso -ya ve qué vida más simple- entré en la barbería a cortarme el cabello. La tal barbería estaba regentada por dos barberos vietnamitas ociosos, esperando como arañas al incauto insecto narigudo. No bien había entrado, ya me vi sentado en un confortable sofá con respaldo y tapizado verde hospital. Para que la equivocación del barbero vietnamita fuese lo menor posible, le dibujé en mi libro de notas cómo quería quedar al final de la operación (adjunto documento). El barbero comprendió en seguida mis notables bocetos y se puso manos a la obra. Sigue leyendo

Un mundo inhóspito

(Saigón 02)

Mi querido Nando,  me tiene usted loco. ¿No iba usted a Tokio al entierro del Sr. Taga? Ahora me cuenta que anda por la Cochinchina, que para el caso queda a igual distancia que Fernando Poo. Son esos sitios que el común sitúa fronterizos del mundo conocido, el limes romano de lo visitable. Y como lugares limítrofes, seguro que las costumbres lo son en igual medida. Usted mismo lo está viendo por sus propios ojos. No avance más o le aparecerán aquellos monstruos marinos de las novelas que se tragaban un bergantín de un bocado.

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El horror, el horror, el horror

(Saigón 01)

Billetes Ho Chi Minh

Ho Chi Minh en todos los colores

Estimado Simeón Estilita, ¿usted se acuerda cuando al papel higiénico lo llamaban papel del culo? Lo digo porque nos quedan cuatro regímenes comunistas mal contados y uno de ellos es Vietnam. Pero, desengáñese, aquí gobierna el omnipresente Ho Chi Minh, pero en los billetes. Y ese es el principal problema con el que me he encontrado al llegar hoy a Saigón: contar billetes.

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El omphalós ὀμφαλός

(Constantinópolis 08)

S_Sofia_03

La Mezquita Azul desde las ventanas del primer piso de Santa Sofía

¡Ah, mi querido amigo Simeón Estilita! No solo tiene usted razón cuando dice que estoy donde habita Dios (con o sin turbante es lo de menos) sino que le daré un detalle que nunca nos contaron cuando estudiamos el arte bizantino de Santa Sofía en aquella gloriosa facultad de Filosofía y Letras de Córdoba que mantiene hoy día sus tradiciones (doy fe de que el café sigue siendo extraordinariamente diurético). El detalle es que por fin he entrado en Hagia Sofía Sigue leyendo

Elogio de la lentitud

(Constantinópolis 06)

Mi querido amigo:

No es nueva su animadversión por Alejandro Sanz. Hace años que le escucho la cantinela. En fin, cada uno tiene sus manías. La mía es Alex Ubago, a quien sólo me lo puedo imaginar llorando detrás del cristal de una ventana azotada por la lluvia exterior. En cualquier caso, debo desviar su atención hacia un aspecto de este artista turco que ha grabado para la posteridad y que quizá se le haya pasado por alto: su lentitud. Pero líbrenme los dioses de hacer crítica de este aspecto. Creo firmemente que la lentitud va asociada a la elegancia. Así se lo digo. Vuelva a mirar el vídeo. Ausencia de movimiento, impoluto traje negro con aristocrático chaleco, elegancia sin artificio. Aquí no hay saltos de saltimbanqui, ni ropa de pobre, ni gorras de mecánico de Fórmula 1 con la visera vuelta para la nuca. Tela fina y zapato italiano. Ahí es nada. Este tal Mustafá Demir es un artistazo. El problema es de su manager, que aún teniendo un producto sin igual, no ha encontrado la canción que lo lance al estrellato internacional. Sigue leyendo

El mal de Stendhal

(Constantinópolis 04)

Dulces turcos

 

Mi querido Viñas, no comento lo que me cuenta de la película Delicias turcas. Sabe que soy un ser asexuado -como Fernando Arrabal-, y esas cosas a mí me dan un pudor que no puedo, que me pica el cuerpo, que me entra un no sé qué… y me extraña mucho que usted, que adolece del mismo mal que yo, ande comentando cosas de quíteme allá esos vellos. Se lo perdono por la sencilla razón de que está usted aquejado del síndrome de Stendhal. Ver tanta belleza junta sin dosificación le ha hecho caer en el delirio.

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