Delicias turcas

(Constantinópolis 03)

Delicias Turcas

 

Tendría unos 15 años cuando vi la película Delicias Turcas de Paul Verhoeven. Si mi madre -y la vuestra- la hubiese visto habría dicho que era una cochinada. ¿Por qué entonces a ese holandés se le ocurrió titular así la película? Ni idea, sólo recuerdo que el protagonista coleccionaba vello púbico de las mujeres que se echaba al catre.

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Donde habita dios

(Constantinópolis 02)

Mi querido Nando, ¡Constantinopla! ¡Madre mía!, por fin me cuenta usted un viaje que merece la pena y me hace dudar, aunque sólo sea por un instante de que deba salir de mi patio. ¡Ah, Santa Sofía! ¡Qué belleza! Efectivamente, y sin que sirva de precedente, coincido con usted en que el nuevo nombre no le hace justicia. Sigue leyendo

Constantinópolis

(Constantinópolis 01)

La Mezquita azul, lo más cercano a un pastel de boda de postín, con las apañueladas gallinas viejas haciendo el picnic de ramadán

La Mezquita azul, lo más cercano a un pastel de boda de postín, con las apañueladas gallinas viejas haciendo el picnic de ramadán

No sé a quién se le ocurrió cambiarle el nombre. Sí, ya sé, que los turcos llamaron a la puerta en 1453 y allí siguen, pero de la poesía de la ciudad de Constantino a la poesía dorada del término Bizancio se ha acabado en un término soso: Estambul. Es más, si acaso debería de llamarse Justinianopolis, por la sencilla razón de que aquí, a vuela pluma, lo que hay es un destete de catedrales justinianas. Sigue leyendo

Traje negro, calzado blanco

(El Señor Taga 02)

Mi querido Nando, por sus propios ojos está usted viendo que no hace falta viajar tanto para conocer el mundo exterior, pues desde su butaca sabe qué pasa en el país del origen del sol sin necesidad de descalzarse de sus pantuflas. No obstante, lo que me cuenta del Sr. Taga es absolutamente desconcertante. Sigue leyendo

El señor Taga vuelve a casa

(El Señor Taga 01)

El señor Taga

 

Que si me voy, que si no me voy, que si salgo que si no salgo, que si mi VW escarabajo de 1971 sigue destripado en el taller; siempre on the road sin ruedas. En el interim no me queda más remedio que hablar de la última aventura del señor Taga, ese venerable padre de mi geisha, ungido por el emperador y que podría hablarle al Mikado de tú a tú. Se anuncia ya su regreso a casa después de dos meses en el hospital/es con las ya reseñadas escapadas. Antes de irse ha tenido a bien protagonizar un nuevo episodio de huida -¿recuerda usted, amigo Simeón el Estilita, la serie de tv El Fugitivo?-. Sigue leyendo