El patio de mi casa

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Mi querido Nando Viñas, su carta me ratifica en mi posición de no abandonar el patio de mi casa en tanto siga sin dolerme nada. ¿Qué me ofrece usted del mundo exterior? ¿un garaje que tarda dos años en arreglar un coche? Ese sitio que usted llama taller mecánico se me antoja moridero de automóviles. Sí, es una gran residencia de ancianos-coches donde custodian sus huesos-chapas hasta que llega el inevitable desenlace. Además, me parece un sitio cuando menos pretencioso si nos atenemos al rótulo que nombra dicho lugar: GT Radial. Si no me fallan mis conocimientos del mundo automovilístico, GT es término que designa Gran Turismo. Creo, por tanto, que mi primera apreciación es correcta y no quiero seguir comentando nada más sobre el tema porque siempre he sentido verdadero aprecio por El Guri, el último coche que se fabricó con humor. Me duele, además, ver que las manos del artesano hurgan las arterias de su motor como si tuviera perforadas la femoral y la safena a la altura del triángulo de Scarpa. Muy malito veo al Guri. Llévelo de urgencia a otro sitio con más garantías y sin tanta pretensión. Tengo entendido que hay buenos talleres en la ciudad. Mi primo trabaja en uno. Se lo recomendaré.

GT: Gran turismoBuganvilla en el patio

 

Me achaca que no salgo de mi patio. Y yo le pregunto que para qué. Sepa usted que Lao Tse ya afirmaba que sin hacer nada se puede influir en los demás. Lo que me cuenta de por ahí lo tengo yo aquí en miniatura, que es más elegante. Sí, cultivo geranios, buganvillas y hasta tomates cherry que me sirven para adornar mis salmorejos. También crío canarios de colores. Después de tanto desagradecimiento en mi vida, las plantas con su agradecido silencio y los canarios con su alegría me reconfortan de tanto tunante que hay en ese mundo exterior que usted tanto proclama. Que no, que no salgo.

También me inquietan sus encargos. Me parece entender que es usted una especie de negro zumbón de algún escritor de postín. Disculpe, pido perdón por mi expresión, por escritor de postín, se entiende, que lo otro no deja de ser una ocupación. Sé que estos tiempos son malos y tiene que buscarse el jornal, pero le tengo dicho que vuele más alto, que ya está bien de deslomarse para que otro se lleve la ganancia. Recuerde aquella canción de Malevaje que tanto cantamos hace años no trabajaré más en vano sin que el negocio sea mío. Eso le digo. Sé que su inquietud le lleva de acá para allá, pero no se me descoque, que le tengo dicho que las prisas son cosa de deportistas, ladrones y malos toreros. Si me visitase de largo y no como siempre hace, reposaría su espíritu cultivando flores y emparejando canarios adivinando los colores que van a sacar sus crías. El programa de trabajo se lo tengo ya diseñado. Empezaría por una simple maceta, de ahí pasaríamos al arriate y de allí, después de un fructífero aprendizaje, le llevaría al jardín. Oh, el jardín. Vería cómo se le tranquiliza el espíritu y aún se le apacienta el cuerpo. Podría incluso llegar a peinarse como Dios manda y no llevar esos pelos que me lleva que parece que tiene encima de la cabeza una aulaga.

En fin, seguiré esperando sus aventuras. Yo le espero, como siempre. Hasta más ver.

Suyo.

Simeón el estilita

Un pensamiento en “El patio de mi casa

  1. Simeón, amigo, este hombre, amigo nuestro, es un caso perdido. ¡Ni siquiera la vara de aquel maestro Zen (ya que menciona a Lao Tse) pudo meterlo en vereda! Su destino es vagar y vagar por el mundo, loleando, buscando ni él sabe qué… Lo queremos como es, ¿o no?

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